DIARIO ENSANGRENTADO




Madrugada del 24 de julio de 1938


Hoy me he tocado la frente, y por primera vez en semanas la noto como siempre. La herida que me hice hace tiempo ahora está sellada con una larga y fea cicatriz, si mis sargentos escucharan que a esta tontería le llamó herida me coserían a tiros hasta que dejase de ser persona. Esta cicatriz no es nada comparado con lo que veo día a día, pero me recuerda lo fácil que es caer.


El frente me provoca angustia, hay ratos que permanece en silencio, con el canto de algún pájaro perdido y con fuertes golpes de viento, pero otros, se asemeja al verdadero terror, el ruido es tan violento que le falta espacio y los gritos desoladores de mis compañeros es lo único que puedo escuchar.


También mis compañeros intentan llevar esta guerra como pueden, como todos, supongo, su objetivo principal es sobrevivir y poder ver a todos los echados en falta de nuevo. Como siempre Manolo no para de contar chistes malos, tan malos que nos hacen reír, también el otro día Luis dijo que cuando todo esto acabe va a abrir un bar en Marbella cerca del mar, dice que los turistas van mucho a Marbella y que en los bares es en lo que más gastan, también esto lo escribo para que no se le olvide, que con la memoria que tiene se puede dejar hasta el fusil para salir al frente.


Mi mayor enemigo en esta guerra es la nostalgia, echo mucho de menos a mi familia. Recuerdo a mi madre haciendo su gran guiso con carne, que se podía oler desde el salón, y engañándome porque he llegado tarde de jugar con mis amigos. Mi padre sentado en su sillón, leyendo el diario con su pipa y su vaso de whisky inglés, pero también a mi hermana que, a pesar de molestarme la mayoría de tiempo que hemos estado juntos, le da vida y esencia a nuestra familia.


Esta página es un poco sentimental, ya que  no sé si será la última que escriba, espero que no. Hoy escribo el día antes de la batalla del Ebro. mis compañeros y yo en pocas horas nos vamos a preparar para una ofensiva que decantará qué bando gobernará España en las próximas décadas. Si alguien encuentra este diario ensangrentado, me llamo José Luis Machado González, vivo en Valencia en una bonita casa frente al mar, mi dirección está apuntada en la cubierta del diario y, por favor, si lees esto devuélvele el diario a mi madre.


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