EL ESTIRADO CUELLO



Desde siempre he notado que mi largo cuello llama la atención. No es algo que uno pueda ocultar fácilmente, y además mi sombrero largo de copa aún parece alargarlo más. Aquella mañana iba en un autobús a rebosar de gente de camino a la estación Saint-Lazare. Era un día importante para mí, había quedado con mi amigo Martin antes de ir a presentarme a una entrevista en una famosa editorial. Después de años escribiendo en incógnito por fin me querían conocer.


El autobús avanzaba a tirones. Cada vez que alguien se bajaba, se armaba un pequeño caos, empujones, pisotones, disculpas y por el medio un zapato no tan ajeno pisando el mío.


-¡Oiga cuidado! -Dije cuando me pisaron por tercera vez. 


El hombre de mi lado, visiblemente cansado y con un rostro casi demacrado, resopló:


-Si se moviera más rápido no le pasaría eso, amigo. 

-¿Moverse dónde?, si apenas hay espacio para respirar en esta ratonera.


La discusión duró un rato, él decía que yo era poco ágil, yo insistía en que mi zapato estaba siendo la víctima de varios pisotones injustos. La verdad era que estaba muy nervioso por la entrevista de trabajo, lo que hacía que todo me molestase más de lo normal.


Por suerte después de varios empujones, frenazos y asientos robados, alguien se levantó cerca del fondo y, esquivando rápidamente a la multitud, tomé el asiento. Desde allí me relajé, el viaje se volvió más tranquilo, ya nadie me pisaba y finalmente pude repasar mentalmente el discurso para mi gran esperada entrevista.


Una hora más tarde llegué a Saint-Lazare, al bajar del autobús me notaba rígido y con las piernas entumecidas, pero al levantar la vista vi a mi amigo Martin, apoyado en una columna y me dirigí con soltura hacia él. Martin vestía con un traje gris y corbata de rayas azul y blanco, las mangas de su atuendo las juntaban unos gemelos de color dorado con toques rubíes y, al llegar a la cumbre, encontré un sombrero fedora clásico en sus atuendos. Conozco a Martin desde los 7 años y desde entonces lo ha definido su exótico estilo.


-¡Hombre!, el gran escritor famoso de París -Me dijo en tono de burla.-Antes de entrar -añadió mientras me repasaba de arriba abajo-,deberías cerrarte un poco el abrigo. Con ese escote tan abierto y tu cuello largo parece que vayas a un desfile de moda, no a una entrevista.


Me reí y le hice caso, la verdad es  que mi cuello se notaba con o sin la chaqueta cerrada, ese día necesitaba que me escucharan más por mis palabras y no por mi aspecto. 


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